Un nuevo protocolo de verificación de posición cuántica (QPV) combina múltiples bases de medición para lograr eficiencia y seguridad frente a adversarios con capacidades más generales que las consideradas hasta ahora. La verificación de posición cuántica permite a un verificador comprobar que una parte se encuentra en una ubicación geográfica concreta, basándose únicamente en la relatividad (la velocidad finita de la luz) y en las leyes de la mecánica cuántica, sin necesidad de secretos compartidos previos ni hardware de confianza.
Los protocolos de QPV anteriores sufrían una limitación doble: o bien eran seguros solo frente a adversarios idealizados (por ejemplo, con memoria cuántica limitada o con ataques restringidos a ciertos tipos de estrategias), o bien exigían recursos experimentales desproporcionados, como un número creciente de qubits o de rondas de comunicación. El nuevo trabajo aborda ambos frentes proponiendo un esquema multi-bases que aprovecha la estructura de las mediciones para reducir la carga experimental sin comprometer la seguridad frente a adversarios que pueden usar estrategias cuánticas arbitrarias y coordinadas.
“El protocolo se apoya en la idea de que las bases de medición elegidas por el verificador en cada ronda actúan como un reto impredecible para la parte que debe demostrar su posición.”