El embalse de San Carlos, en Arizona, ha experimentado una drástica reducción en sus niveles de agua, lo que ha provocado una mortandad masiva de peces. Esta situación se atribuye a una combinación de sequía prolongada en la región y a la liberación controlada de agua del embalse, factores que han llevado el cuerpo de agua a mínimos históricos.
La disminución del volumen de agua afecta gravemente el ecosistema acuático, alterando las condiciones de oxígeno disuelto, temperatura y concentración de contaminantes, lo que resulta letal para la fauna piscícola. Este evento subraya la vulnerabilidad de los ecosistemas fluviales y lacustres ante el cambio climático y la gestión hídrica en zonas áridas.