El 28 de junio de 1776, las fuerzas coloniales lograron repeler a las tropas británicas en una batalla crucial librada en la isla barrera cerca de Charleston, Carolina del Sur. La topografía del terreno jugó un papel determinante en el desenlace del conflicto.
La victoria se atribuye en gran medida a las características geográficas de la isla. El terreno pantanoso y arenoso, junto con una ensenada intransitable, dificultó significativamente el avance y las maniobras de las fuerzas británicas, proporcionando una ventaja defensiva clave a los colonos.