Investigadores han desarrollado una novedosa métrica para cuantificar la capacidad de un sistema para adaptarse a una serie de disrupciones o perturbaciones consecutivas. Este avance es crucial para comprender la resiliencia de sistemas complejos, desde ecosistemas y redes sociales hasta infraestructuras críticas y economías. La métrica propuesta permite evaluar cómo la adaptación a un evento previo influye en la respuesta y recuperación ante disrupciones subsiguientes, un aspecto que las medidas de resiliencia tradicionales a menudo pasan por alto al centrarse en eventos aislados.