Investigadores han desarrollado un marco teórico-geométrico para describir la respuesta de sistemas cuánticos abiertos, aquellos que interactúan con su entorno. Este nuevo enfoque descompone el tensor de respuesta en estado estacionario en dos componentes: uno simétrico, que define una métrica de respuesta relacionada con la susceptibilidad local, y otro antisimétrico, que introduce una forma de curvatura asociada a la respuesta no recíproca y al trabajo geométrico. Este trabajo establece una relación fluctuación-respuesta que extiende la estructura geométrica de la termodinámica de equilibrio a estados estacionarios de no equilibrio, revelando una geometría de respuesta con sectores métricos y simplécticos.

En sistemas en equilibrio, el sector antisimétrico se anula debido a la reciprocidad, recuperando la geometría métrica familiar de la respuesta termodinámica. Sin embargo, los sistemas cuánticos abiertos exhiben una estructura más rica donde las respuestas recíprocas y no recíprocas pueden coexistir en el mismo espacio de control. Los autores ilustran esto con el ejemplo de un cúbit disipativo impulsado bajo desfasaje puro, donde la curvatura finita emerge de la desalineación entre la base de autoestados del hamiltoniano y la base de puntero seleccionada por el entorno, sin necesidad de un impulso fuerte o reservorios diseñados.

La comparación con la métrica de Bures, que cuantifica la distinguibilidad de estados, muestra que la geometría de respuesta y la geometría de la información caracterizan propiedades distintas del espacio de estados estacionarios. Mientras que la métrica de Bures se enfoca en la distinguibilidad, la geometría de respuesta gobierna la susceptibilidad y el trabajo geométrico. Esto sugiere que el trabajo geométrico emerge como una firma medible de la respuesta no recíproca en sistemas cuánticos abiertos, ofreciendo una nueva herramienta para comprender y caracterizar estos sistemas complejos.