La temporada de tormentas del Pacífico ha dejado dos episodios destacados en apenas unos días: el supertifón In-fa desarrolló un ojo de tamaño inusualmente grande y los restos del tifón Champi se transformaron en una tormenta extratropical que se dirigió hacia Alaska.
El ojo de un tifón es la región central de aire relativamente tranquilo y despejado que rodea la pared del ojo, donde se concentran los vientos más intensos. Que In-fa alcanzara un diámetro ocular tan amplio es notable porque el tamaño del ojo no crece de forma indefinida con la intensidad de la tormenta: sistemas igualmente potentes pueden tener ojos estrechos y bien definidos. La estructura observada en In-fa sugiere una configuración particular de la tormenta que los meteorólogos satelitales siguen de cerca.
Por su parte, Champi ilustra otro proceso habitual en la vida de un ciclón tropical. Al desplazarse hacia aguas más frías y latitudes mayores, un tifón pierde su fuente de energía —el calor y la humedad del océano— y comienza a transformarse en una tormenta extratropical, con estructura frontal y vientos extendidos sobre un área mucho mayor. En esa fase, los restos de Champi tomaron rumbo hacia Alaska, donde este tipo de sistemas puede traer vientos fuertes y oleaje significativo.
Ambos casos se observaron desde satélites meteorológicos, herramientas clave para seguir la evolución de ciclones en el Pacífico abierto, donde la vigilancia directa es escasa. El seguimiento de estos fenómenos permite mejorar los modelos de predicción de trayectoria e intensidad, un frente de trabajo activo dado que la estructura interna de los tifones —incluido el tamaño del ojo— sigue siendo difícil de reproducir con precisión en las simulaciones.