La corrosión es un proceso electroquímico que degrada materiales y tiene un impacto económico y de seguridad enorme. Se estima que su coste global supera el 3% del PIB mundial, afectando a infraestructuras, transporte, energía y medicina. A pesar de su omnipresencia, la ciencia de la corrosión es un campo fragmentado, con datos dispersos y una falta de estandarización que dificulta la predicción y el desarrollo de soluciones eficaces. La comunidad científica busca ahora unificar estos esfuerzos para crear un "modelo mundial" de la corrosión.
Este esfuerzo implica la creación de bases de datos estandarizadas y accesibles, que integren información sobre los mecanismos de corrosión, las propiedades de los materiales, los entornos operativos y los resultados experimentales. La digitalización y el uso de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático son cruciales para analizar grandes volúmenes de datos y desarrollar modelos predictivos más precisos. El objetivo es pasar de un enfoque reactivo a uno proactivo, donde la corrosión pueda predecirse y mitigarse antes de que cause daños significativos.
La implementación de un modelo mundial de corrosión requeriría una colaboración internacional sin precedentes entre la academia, la industria y los organismos reguladores. Esto permitiría compartir conocimientos, recursos y mejores prácticas, acelerando el desarrollo de nuevos materiales resistentes a la corrosión y estrategias de protección más eficientes. Un marco unificado no solo optimizaría la investigación, sino que también facilitaría la toma de decisiones en ingeniería y políticas públicas, con beneficios económicos y ambientales sustanciales.