Un ensayo con martillo instrumentado no necesita reproducir una onda ideal de medio seno. Cuando la fuerza aplicada y la respuesta estructural se miden con precisión, las ondulaciones en el pico y los contactos separados quedan registrados como entradas conocidas del ensayo, y no invalidan la prueba. La forma de la fuerza modifica qué modos se excitan, pero eso no convierte el registro en inválido.
El planteamiento parte de la práctica habitual en pruebas de impacto para identificar frecuencias propias y funciones de respuesta: se tiende a descartar golpes cuya forma de fuerza se aleja del pulso de medio seno considerado ideal. La nota técnica del Centro de Investigación Langley de la NASA sostiene que ese criterio es demasiado restrictivo si la instrumentación captura íntegramente tanto la señal de fuerza como la respuesta del sistema.
La clave está en medir con exactitud ambas señales. Con ello, las imperfecciones del golpe —ondulaciones en la cresta de la fuerza o contactos que se separan y vuelven a cerrarse— dejan de ser incógnitas y pasan a formar parte de la entrada del ensayo. El cambio de forma de la fuerza altera el contenido espectral de la excitación, pero el registro sigue siendo utilizable para extraer información dinámica de la estructura.
La implicación práctica es que se amplía el margen de maniobra en pruebas de impacto sobre estructuras aeroespaciales: menos golpes desechados y más flexibilidad a la hora de excitar la pieza. El contacto indicado para la nota técnica es Joel W. Sills, del Langley Research Center de la NASA.