Los protocolos de simulación cuántica dinámica suelen diseñarse para medir una magnitud concreta, como una función de respuesta o de correlación. Pero el proceso prepara, de forma implícita, una familia de estados de muchos cuerpos que guarda mucha más información que el observable original. Un nuevo trabajo propone explotar esos estados como laboratorios de información cuántica, reutilizando datos que normalmente se descartan tras la medida.

Como caso de estudio, los autores analizan protocolos de pulsos locales usados para calcular funciones de Green en cadenas de espines finitas XX y XXX. Interpretan rotaciones opertas de la fuente como la codificación de un bit clásico dentro del sistema de muchos cuerpos. Eso permite seguir cómo se propaga el registro resultante, cómo se reparte entre subsistemas locales y con qué facilidad se puede recuperar con distintas mediciones.

Los resultados muestran una separación clara entre representación y lectura. En la cadena XX, los datos de covariancia fermiónica reconstruyen exactamente la respuesta con signo, mientras que en la cadena XXX medidas simples de espín recuperan una fracción mayor de la información localmente disponible. Este orden invertido se mantiene al pasar de la discriminación de pulsos finitos a la estimación local del ángulo de la fuente.

Más allá del registro de la fuente, los mismos estados reducidos permiten reinterpretar los resultados en términos de recuperación de estados de Bell y tasas de comunicación cuántica, además de dar acceso directo a la evolución del entrelazamiento bipartito y multipartito genuino del sistema. La conclusión es que las simulaciones dinámicas desarrolladas para cálculos de respuesta pueden plantear de forma natural un abanico mucho más amplio de preguntas de información cuántica sobre los estados que ya preparan.