Nuevos análisis de datos de la sonda MESSENGER sugieren que el campo magnético actual de Mercurio es suficiente para explicar la mayor parte del magnetismo observado en su corteza. Este hallazgo desafía la hipótesis predominante de que se requería un dínamo planetario activo en el pasado lejano de Mercurio para magnetizar su corteza, una idea que ha sido fundamental para comprender la evolución geológica y magnética del planeta más interior del sistema solar.
Tradicionalmente, se ha asumido que las anomalías magnéticas en la corteza de Mercurio eran remanentes de un campo magnético global mucho más fuerte en sus primeras etapas, generado por un dínamo en su núcleo. Sin embargo, los nuevos estudios, basados en una reevaluación exhaustiva de los datos recopilados por la misión MESSENGER de la NASA, proponen que el campo magnético dipolar actual, aunque débil, ha interactuado con la corteza a lo largo de eones, induciendo el magnetismo observado. Esto simplifica el modelo de la historia magnética de Mercurio, eliminando la necesidad de postular un dínamo antiguo y potente que luego se habría debilitado drásticamente.