Un estudio reciente, financiado por la NASA, ha revelado que los incendios forestales han contribuido significativamente al incremento de la contaminación por ozono a nivel del suelo en gran parte de los Estados Unidos contiguos durante la última década. Este fenómeno genera aire insalubre incluso en áreas muy alejadas de las llamas activas, extendiendo el impacto de los incendios mucho más allá de su localización inmediata.
El ozono troposférico, a diferencia del ozono estratosférico que nos protege de la radiación ultravioleta, es un contaminante atmosférico nocivo para la salud humana y los ecosistemas. Se forma a partir de reacciones fotoquímicas de óxidos de nitrógeno (NOx) y compuestos orgánicos volátiles (COV) en presencia de luz solar. El estudio sugiere que el humo de los incendios aporta una cantidad considerable de estos precursores, exacerbando la formación de ozono en la baja atmósfera.
Este hallazgo subraya la necesidad de considerar los incendios forestales no solo como una fuente de partículas finas, sino también como un factor relevante en la química atmosférica que conduce a la formación de ozono. Las implicaciones de este estudio son importantes para la salud pública y la formulación de políticas de calidad del aire, especialmente en un contexto de aumento de la frecuencia e intensidad de los incendios forestales debido al cambio climático.