A principios de agosto de 2026, una serie de incendios forestales en el este de Washington provocaron un deterioro significativo de la calidad del aire. Estos eventos resultaron en niveles insalubres de contaminación atmosférica, afectando la salud pública y la vida cotidiana de los residentes en la región.
Los incendios causaron la destrucción de cientos de estructuras y desencadenaron evacuaciones obligatorias en la ciudad de Spokane. La magnitud del impacto subraya la vulnerabilidad de las comunidades ante fenómenos climáticos extremos y la necesidad de estrategias de mitigación y respuesta ante desastres naturales.