Científicos han desarrollado un nuevo método para dotar de autonomía energética a robots blandos, aprovechando las fluctuaciones de temperatura ambientales que siguen un ciclo circadiano. Este avance permite que los robots realicen tareas repetitivas durante periodos prolongados sin necesidad de baterías o fuentes de energía externas continuas. La clave reside en un diseño que convierte las variaciones térmicas diurnas y nocturnas en movimiento mecánico, abriendo la puerta a aplicaciones en monitorización ambiental o exploración remota donde la recarga es inviable.
El sistema se basa en materiales con memoria de forma (SMP, por sus siglas en inglés) que pueden programarse para cambiar su configuración en respuesta a la temperatura. Al integrar estos materiales en la estructura de un robot blando, los investigadores lograron que el dispositivo se deformara y recuperara su forma de manera cíclica con los cambios térmicos del entorno. Este movimiento oscilatorio se utiliza para accionar un mecanismo que genera energía o realiza una acción, como el bombeo de fluidos o el desplazamiento gradual. La innovación radica en la capacidad de "cosechar" energía de un ciclo natural y predecible, en lugar de depender de una fuente constante.
Este enfoque contrasta con los métodos tradicionales de alimentación de robots blandos, que a menudo requieren cables, baterías voluminosas o sistemas de recarga complejos. La dependencia de las oscilaciones circadianas de temperatura ofrece una solución más sostenible y autónoma para entornos donde la intervención humana es limitada o indeseable. Las implicaciones de esta tecnología son significativas para el desarrollo de robots que puedan operar durante meses o incluso años en lugares remotos, como el fondo marino, desiertos o incluso en el espacio, sin necesidad de mantenimiento energético.