Indonesia se enfrenta a una grave situación ambiental debido a la sequía, que ha provocado incendios tanto en la superficie como en el subsuelo de sus vastas turberas. Estos ecosistemas, ricos en materia orgánica acumulada durante milenios, son especialmente vulnerables en condiciones de sequedad extrema. La combustión de la turba, un material denso y altamente inflamable, genera una gran cantidad de humo y partículas que no solo afectan la calidad del aire local, sino que también tienen implicaciones a escala regional y global.
Los incendios en turberas son particularmente problemáticos porque, una vez iniciados, pueden arder durante semanas o incluso meses, a menudo de forma subterránea, lo que dificulta enormemente su detección y extinción. La materia orgánica seca de la turba actúa como un combustible persistente, liberando grandes cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. Este fenómeno contribuye significativamente al cambio climático, además de destruir hábitats naturales y afectar la salud de las poblaciones cercanas debido a la contaminación del aire.