El telescopio espacial James Webb (JWST) de la NASA ha proporcionado la evidencia más contundente hasta la fecha de la existencia de las llamadas "estrellas de agujero negro". Estas enigmáticas "pequeñas manchas rojas", descubiertas inicialmente por el JWST en 2022, son galaxias compactas y muy jóvenes que albergan agujeros negros supermasivos en crecimiento activo. El análisis espectroscópico de una de estas manchas rojas ha permitido a un equipo de astrónomos liderado por Vasily Kokorev de la Universidad de Texas en Austin conectar varias piezas clave de este complejo rompecabezas cósmico.

El hallazgo es significativo porque estas estrellas de agujero negro representan una fase temprana y crucial en la coevolución de las galaxias y sus agujeros negros centrales. La capacidad del JWST para observar el universo primitivo con una sensibilidad sin precedentes en el infrarrojo ha sido fundamental para desentrañar la naturaleza de estos objetos, que se formaron en los primeros cientos de millones de años tras el Big Bang. La caracterización espectral obtenida ofrece información detallada sobre la composición, la dinámica y la actividad del agujero negro central, proporcionando un "código de barras" cósmico que revela sus propiedades intrínsecas.

Aunque el término "estrellas de agujero negro" puede ser confuso, se refiere a la intensa actividad de formación estelar y acreción de materia alrededor de un agujero negro supermasivo, que lo hace brillar con una luminosidad extrema, superando a menudo la de toda la galaxia anfitriona. Este descubrimiento no solo arroja luz sobre cómo los agujeros negros supermasivos crecieron tan rápidamente en el universo temprano, sino que también ayuda a comprender la formación y evolución de las primeras galaxias. La confirmación de estas estructuras abre nuevas vías para estudiar los mecanismos de retroalimentación entre los agujeros negros y sus entornos galácticos en épocas cósmicas tempranas.