El Premio Nobel de Física de 1966 fue otorgado a Alfred Kastler por el descubrimiento y desarrollo de métodos ópticos para estudiar resonancias hertzianas en átomos. Su trabajo, que sentó las bases para el desarrollo de los láseres y los relojes atómicos, se centró en la manipulación de los estados de energía atómica mediante la combinación de luz y campos de radiofrecuencia. Kastler fue pionero en técnicas que permitieron un control sin precedentes sobre los espines nucleares y electrónicos, abriendo nuevas vías para la investigación en física atómica y molecular.
La contribución principal de Kastler fue la invención del método de "bombeo óptico" en la década de 1950. Esta técnica utiliza luz polarizada para excitar selectivamente los átomos a estados de energía superiores, creando una población invertida de espines. Posteriormente, al aplicar campos de radiofrecuencia, se inducen transiciones entre estos estados, lo que permite estudiar con gran precisión las propiedades magnéticas de los núcleos y los electrones. Este enfoque fue crucial para entender la interacción entre la materia y la radiación, y para el desarrollo de dispositivos como los máseres y los láseres.
El impacto del trabajo de Kastler se extiende a diversas áreas de la física moderna. Sus métodos no solo mejoraron la precisión de las mediciones en espectroscopia atómica, sino que también proporcionaron herramientas fundamentales para la metrología, como los relojes atómicos de alta precisión, esenciales para sistemas de navegación global como el GPS. Además, el bombeo óptico es un principio subyacente en la física de los láseres y ha encontrado aplicaciones en la computación cuántica y en la manipulación coherente de estados cuánticos. La capacidad de controlar y medir con exactitud los estados atómicos sigue siendo un pilar de la investigación contemporánea en física cuántica.